Si supiéramos el poder que tienen nuestras palabras, la mitad del tiempo estaríamos callados o elegiríamos mucho mejor lo que sale de nuestra boca. Muchas de las expresiones que nos parecen inofensivas llevan escondido un acuerdo, una promesa, una maldición, una amenaza, un deseo, un anhelo… Y es que cada palabra que pronunciamos, tiene un enorme poder.
Son hechizos verbales, como aquellos que utilizaban brujas y hechiceros… solo que ahora, en estos tiempos, la mayoría ni piensa lo que dice y mucho menos lo honra.
Y aquí es donde todo se complica.
Porque cuando alguien habla sin intención real de sostener lo que dice, las palabras pierden valor. Y cuando esto sucede, se rompe la confianza. A mí, personalmente, me cuesta mucho respetar a las personas que no tienen palabra. Palabritas huecas, como diría mi abuela, que te susurran lo que quieres oír, que te endulzan el oído con falsas promesas que nunca llegan…
Y es que tarde o temprano, la incoherencia se ve. Y cuando la confianza se rompe, ya no puede repararse porque no hay nada que pueda decir… sus actos hablan alto y claro.
Como bien decía Don Miguel Ruiz en Los cuatro acuerdos, ser impecable con la palabra no es algo menor. Porque las palabras pesan. Y cuando no van acompañadas de acción, no solo se las lleva el viento, sino que además volverán a atormentarte, o peor aún, a sacarte los colores, cuando menos lo esperes. Cumplir lo que dices, no es solo una responsabilidad con el otro. Es coherencia contigo. Es respeto.
Y si no vas a sostenerlo… quizás sería mejor no decirlo. Porque una vez dicho, queda grabado en el corazón de alguien para siempre. Ya sean buenas o malas palabras.
Yo no soy ejemplo de nada. Solo alguien que comete errores, sigue aprendiendo y decidió cuidar más sus palabras. Si hoy este te sirve de reflexión, bien hecho está.
No podemos olvidar que decimos crea… rompe, destruye o bien motiva e inspira.
¿Recuerdas alguna palabra que te marcó para siempre?
Si este tema resuena contigo y sientes que a veces te cuesta sostener lo que dices o respetarte, quizá este taller pueda acompañarte en ese proceso:
El amor propio – 21 días para dejar de traicionarte.
