Me resulta curioso ver cómo no es tan sencillo deshacerse de patrones antiguos. Son formas de actuar, pensar o relacionarte que has repetido durante años, incluso vidas, y llega un momento en que sientes que ya no puedes seguir sosteniéndolas. Algo dentro de ti pide cambiarlo. Y es ahí donde empieza el verdadero trabajo.
Uno cree que romper el patrón es simplemente elegir diferente, pero no siempre funciona así. Lo difícil no es solo tomar otra decisión, sino atravesar las situaciones que te llevan al patrón de siempre sin volver a caer ahí. Y eso, al menos en mi caso, es de las partes que más cuestan.
Porque mentalmente puedes tener muy claro lo que quieres hacer distinto, pero llevarlo a la práctica es otra historia. Este proceso te obliga a parar, discernir y actuar de una manera que no te sale automática. Ahí es donde realmente notas cuánto tiempo llevas funcionando desde el mismo lugar.
Quizá antes respondías enseguida a un mensaje por ansiedad. O te callabas cosas por miedo al conflicto. Justificabas comportamientos que te dolían. Intentabas sostener a todo el mundo mientras te abandonabas a ti. O volvías a exigirte más y más porque en el fondo sentías que nunca era suficiente.
Y aunque creas que ya lo has trabajado, suelen aparecer situaciones muy parecidas a las que antes te hacían reaccionar igual. No sé si son pruebas, pero sí oportunidades para ver si de verdad estás respondiendo distinto o solo entendiendo el patrón desde la cabeza.
Porque el patrón no siempre está solo en lo que haces. Muchas veces también está en lo que toleras, en lo que normalizas y en lo que sigues aceptando aunque ya sabes que te hace daño.
Lo curioso es que actuar diferente no siempre se siente bien al principio. A veces se siente raro, incómodo, incluso egoísta. Porque tu sistema está acostumbrado a lo conocido, no necesariamente a lo sano.
Será incómodo, intenso y agotador. Te tocará sostenerte en medio del impulso de volver a lo de siempre. A lo conocido. A lo automático. Pero cuando logras mantenerte ahí, aunque sea un poco diferente a antes, empiezas a notar que algo realmente cambia. Y poco a poco, el patrón pierde fuerza.
Sanar un patrón no significa no sentir nunca más el impulso de volver a él, sino darte cuenta de que ya no quieres quedarte ahí.
Y aunque a veces parezca un proceso lento, cada vez que eliges diferente, aunque sea en algo pequeño, también estás construyendo una versión distinta de ti.
A veces romper un patrón también implica aprender a elegirte diferente.
Si sientes que estás en ese proceso, te dejo por aquí este taller que creé precisamente para acompañar ese camino:
El amor propio – 21 días para dejar de traicionarte
¿Qué patrón sientes que estás intentando romper en este momento de tu vida? Comenta. Te leo.
