En un mundo que parece premiar la desconexión, hemos aprendido a alejarnos de nosotros mismos y a insensibilizarnos. Estamos más conectados que nunca y, sin embargo, menos en contacto con nuestro interior y con lo que sentimos. Las palabras han perdido valor; hacer lo correcto parece estar en desuso; a veces da la sensación de que todo está al revés. Y, en medio de ese caos, muchos hemos pasado o estamos pasando por un despertar espiritual.
En mi caso fue durísimo. Aún estoy saliendo de él. Y debo decir que tenía otras expectativas. Una parte de mí esperaba un cambio radical fuera, puesto que ya lo había hecho dentro. Pero todo es mucho más lento y sutil. Como si las piezas fueran encajando poco a poco.
Después del despertar, una parte de ti quiere ver cambios más rápidos. Dejar atrás ciclos y patrones con los que ya no resuenas.
Por una parte ves con claridad lo que ya no te sirve, pero por otra, sigues aquí, formando parte de un mundo que te muestra justo eso que quieres dejar atrás. Es complejo. Es un reto mantenerte en tu centro.
A veces siento que, de alguna forma, todo esto es una preparación para soltar los últimos resquicios. No tengo la certeza absoluta, pero sí tengo fe. Y también cansancio.
Y también entiendo que no siempre es solo el mundo mostrándote lo que ya no quieres. A veces es algo más interno: tu sistema nervioso y tus patrones todavía se están reorganizando. No es solo un proceso espiritual, también es emocional y psicológico. Y eso explica por qué se siente tan lento, tan intenso y, a veces, tan agotador.
Hay en mí una certeza interna, difícil de explicar, una sensación de estar dando un salto hacia otra forma de vivir, donde percibo con claridad mi evolución y mi crecimiento.
El tiempo y las experiencias me dirán si estoy en lo cierto. Mientras tanto, sigo navegando este mar de emociones y sensaciones intensas. Me recupero más rápido que antes, sí, pero aun así, siguen removiéndome por dentro.
No estoy retrocediendo. Estoy integrando. Y quizá esa sea la parte más exigente de todo el proceso.
Si estás en ese punto en el que sientes mucho, pero aún no tienes todas las respuestas, quiero decirte algo: no necesitas tenerlo todo claro para avanzar.
Si sientes que te puede ayudar tener una guía, a tu ritmo y desde donde estés, puedes acompañarte con estos talleres:
No tienes que tenerlo todo claro
Confiar en mi guía interior
