Entre lo que se cae y lo que nace

Si estás pasando por un despertar espiritual, sabrás lo desafiante que es abandonar todas las estructuras conocidas que antes te daban una falsa sensación de seguridad. Es como si la vida te hiciera una limpieza profunda y te dejara solo con lo esencial para poder comenzar desde un lugar más auténtico, más alineado contigo. Y duele. Duele mucho. Y cuesta mucho transitar esta etapa. No solo porque se te caen todos los referentes externos, sino porque tú también estás dejando atrás viejos patrones, situaciones, experiencias, personas… que ya no encajan con quién eres hoy. Porque, has cambiado y tú tampoco encajas con quién eras antes. Es que. Y eso es

La sensación es muy extraña. Has cambiado por dentro, pero tu entorno sigue igual. Caminas más consciente, más despierto y notas, con una claridad que te incomoda la incoherencia, las máscaras, los juegos de poder. Los detectas rápido, porque elegiste no vivir más así. Sin embargo, aun tienes que navegar entre lo que soltaste y lo que todavía flota a tu alrededor.

Discernir se hace más fácil, sí, pero encajar en viejas dinámicas o aguantar expectativas externas, se vuelve casi imposible. Esta etapa se vuelve confusa, densa y solitaria. Aunque profundamente fértil. Como todo tránsito, es incómodo, es pesado. Te encuentras en medio de un puente donde ya abandonaste lo que ya no servía, pero aún no has alcanzado lo que quieres para ti. Es un escalón intermedio entre lo que fuiste y lo que estás empezando a ser. Una transición hasta que tu nueva frecuencia empiece a traer a tu vida experiencias y personas que sí vibren con tu yo actual.

Si estás en ese puente. Respira. Da pasos pequeños pero firmes. Descansa y acompáñate con mucho amor y paciencia. Porque es posible que las fuerzas te flaqueen en ese punto. No estás fallando. Estás creciendo. Si necesitas acompañamiento, escríbeme.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *