Ayer viendo Frankenstein la última película de Guillermo del Toro, director cinematográfico a quien admiro profundamente, me encontré reflexionando sobre algo que todos vivimos alguna vez: lo difícil que es ser diferente en un mundo que teme lo que no entiende.
¿Quién es el verdadero monstruo? ¿La criatura? Un ser bondadoso, sensible y puro, aunque temido por su aspecto y tamaño. ¿O su creador, que la maltrata e intenta aniquilarla a toda costa?
A lo largo del tiempo, muchas personas han aislado, humillado, ridiculizado todo aquello que no comprendían. Enseguida les ponían etiquetas “es demasiado raro”, “demasiado sensible”, “demasiado diferente”,”demasiado excéntrico”…
Y cuando algo no encaja en sus “estándares de supuesta perfección” , hacen lo posible por excluirlo. Se convierten en acosadores, a veces evidentes, a veces silenciosos, de esos que hieren sin ruido y que las matan callando. Utilizan su energía en desprestigiar, ensuciar o apagar lo que los confronta, arrinconándolos en un lugar donde no tengan que verlo… porque su sola presencia les muestra un espejo donde no soportan mirarse.
¿Y la criatura? ¿Qué hay del que siente demasiado, del que percibe el mundo con una intensidad que otros no comprenden? ¿Qué pasa con quien intenta amar, pertenecer y ser aceptado…? Sufres y sufres mucho, hasta que te das cuenta de que tu misión no era encajar, sino recordarle al mundo que existe otra manera de ser. Ser distinto duele. Duele no ser comprendido. Duele ser rechazo. Duele darse cuenta que uno molesta solo por existir. Hasta que un día entiendes que no eras tú el problema, sino el miedo de los demás a su propia luz, que ven reflejada en ti.
Todos somos esa criatura en algún momento de nuestra vida.
Y ahí, algo cambia. Aprender a dejar de esconderte. A no buscar validación en los demás. Aprendes a apoyarte en tu fuerza, a caminar con tus singularidades, tu sensibilidad y tu intuición como guía, no como defectos. Ser sensible no es una debilidad, es un acto de coraje. Ser diferente, es mostrar caminos nuevos, mirar con nuevos ojos…
Así que, no apagues tu luz. Tampoco intentes convencer a quienes eligen permanecer en la sombra. Úsala para reconocerte y amarte más. Se fiel a ti. Brilla aún más. Y si en tu camino inspiras a alguien, bienvenido sea.
