Cuando pasas de los 50, hay momentos en los que sientes que ya no encajas. El mercado laboral parece moverse a otra velocidad, con otras reglas, y te ves compitiendo con gente joven que viene muy preparada.
Y sí… es verdad. Pero no es toda la verdad.
Nosotros también estamos preparados. Tal vez de otra manera. Venimos de otra época, casi diría de otro mundo, con otro ritmo, otras maneras, pero con algo que no se aprende en tutoriales: experiencia, concepto, criterio… años de vida.
Hay cosas que nos cuestan más, claro. Tecnologías nuevas, formas de trabajar que cambian rápido… Y no pasa nada por reconocerlo. Aunque yo soy de las que se lanza a probar lo nuevo con curiosidad, entiendo que haya muchos que no lo hagan.
Pero también hay algo importante: no todo el valor está ahí.
Hay un tipo de sensibilidad, de comprensión, de forma de comunicar y de sostener que solo te lo dan los años y lo vivido. Y eso también tiene un lugar. Quizá no en el mercado de siempre, ni compitiendo como antes.
Pero sí en otros espacios, donde lo humano, lo auténtico y lo profundo importan.
No se trata de intentar encajar donde ya no resuena. Se trata de encontrar dónde sí. Porque no estamos fuera. Solo estamos en otro punto del camino.
Y desde ahí… todavía hay mucho que ofrecer.
