Uno de los conceptos que mejor explica este principio es la competición.
La misión del alma no es competir.
Si en lugar de intentar aprovecharnos los unos de los otros, decidiéramos cooperar con lo que cada persona sabe hacer, el mundo sería muy diferente.
Desde pequeños nos han inculcado la competición.
La idea de tener que ser mejores que los demás, de destacar, de ganar.
Pero en realidad no es una competición justa, porque no partimos del mismo lugar.
Cada uno llega con su historia, sus heridas, sus recursos y su propio ritmo.
Y no me malinterpretes.
A mí me encanta mejorar, superarme, crecer y seguir aprendiendo.
Soy una estudiante eterna, siempre abierta a aprender algo nuevo.
Pero competir no te hace mejor que nadie.
Solo muestra que, en algo concreto, otra persona lo hizo mejor en ese momento del tiempo.
Y eso no significa que sea mejor que tú.
Por eso me declaro más a favor de la cooperación que de la competición.
Eso sí, sin abusos y sin querer sacar ventaja del otro.
Cooperar es compartir dones y talentos para ponerlos al servicio de uno y de los demás.
En proyectos, causas, ideas, libros, creaciones…
Donde cada quien aporta lo que es, no lo que intenta demostrar.
Si este tema también resuena contigo, en esta web y en mis redes comparto más reflexiones sobre el despertar espiritual, los procesos del alma y la vida vista desde otra conciencia.
